«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

sábado, 25 de abril de 2015

Praha

Como ya os dije hace unas semanas, tenía previsto un viaje a Europa, y bueno, vengo a contar mis impresiones, que cuando viajo también hago cosas artísticas.

En primer lugar, he de decir que no recordaba cómo era lo de viajar en avión… Y he mejorado mucho. Ahora casi no me mareo en los despegues, y es de agradecer, puesto que lo pasaba muy fatal. Lo de las cosas que caben en una maleta, otro punto ventajoso, y superado con éxito.

El alojamiento elegido fue un genuino acierto, las chicas que nos atendieron muy simpáticas y agradables, y el lugar muy céntrico, limpio y cómodo.

Lo único que podría decir que nos ha deslucido (un poco) el viaje ha sido que cogimos una tarjeta de turismo, la Prague Card, y no fue todo como lo contaban en su web. Por supuesto he puesto la correspondiente queja, y desde aquí os digo que según nos contaron cuando la recogimos, la tarjeta acaba a las doce de la noche del día en curso, no cuando cumple el tiempo desde la primera vez que se valida, pero nadie sabe nada porque en la web pone otra cosa distinta.

Por lo demás, he dejado Praga con auténtico pesar. Me ha parecido una ciudad bellísima, soviética, antigua y mágica. He cogido todos los tranvías que he podido, me he mezclado con su gente en el impresionante metro que cruza la ciudad entera, y si a esto se le suma el asunto de haber tenido un delicioso tiempo más bien caluroso, no se puede pedir nada más, desde luego.


Me han gustado sus gentes, sonrientes y relajadas, sus calles con las farolas en el centro de la vía, su luz extraña. Su poca contaminación, sus mil formas de ir a los sitios. Pasear de noche por el puente de Carlos y tomar una cerveza en el Ouky Douky tras salir de un museo.

Claro, yo venía a hablaros de museos…

De Malá Strana puedo decir que la visita al Castillo me pareció un alucine. La catedral me encantó, y me dejó muy enamorada la capilla con las vidrieras de Alfons Mucha. Para contrarrestar el medievalismo, esa misma tarde fuimos a ver todo el arte contemporáneo que alberga la Galería Nacional en su sede de Veletržní palác. Es este un edificio soviético donde me emocionó reencontrarme con el autorretrato de Picasso que me tocó en suertes en mi examen de Selectividad, años ha.



Del barrio judío, una de las visitas obligatorias en Praga, el gran cementerio judío de la ciudad y una de las sinagogas, que tiene escritos, en todas sus paredes, los nombres de todos los judíos que fueron a campos de concentración y nunca volvieron. Todos los de Moravia y Bohemia. Nombres y nombres. Es sobrecogedor. La sinagoga española me hizo sentirme en casa; paños de sebqa, arquillos polilobulados y una penumbra deliciosa.


Y la gran recompensa de un viaje así… El que fue mi regalo de reyes hace año y algo, unas entradas para la ópera. Mefistófeles fue la obra elegida; un montaje sencillo, contemporáneo, simbolista. Una puesta en escena increíble. Y un coro… Qué coro.


Por ahora, los mejores cuatro días del año, sin dudarlo. Vayan a Praga, mézclense con su gente. Disfruten de lo bullicioso y secreto de la ciudad bañada por el Moldava.

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