«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

sábado, 10 de enero de 2015

Silencios (II)

Quería haber escrito esta entrada hace días. Quería haber venido por aquí antes a contar que mi primera visita chispas al nuevo Museo Arqueológico Nacional había sido un despropósito divertido, en nueva e interesante compañía venida de la estepa donde no se ve el sol, pero no he podido.

No he podido, no por culpa de las fiestas, no por culpa de reuniones familiares o cenas inacabables. No. No he podido hasta hoy, que reúno valor, porque el día uno de enero se fue una persona para no volver.

No sé a ciencia cierta en qué momento de la vida estábamos el uno respecto del otro; éramos amigos, pero esa etiqueta entre nosotros era inexacta, insuficiente, estaba borrosa, desdibujada. Teníamos temporadas de hablar mucho, y otras en que no nos hacíamos falta y volábamos solos. De vez en cuando un “cómo estás” teñido de “sé que estás ahí, no te olvido”. Ver cosas que nos recordaban al otro, compartirlas, leernos la mente.

Nos acompañamos en momentos muy difíciles; estuviste para mí, para frenarme a punto de pulsar el botón rojo en varias ocasiones, para curarme las rodillas después de caerme. Estuve para ti, para sacarte del desasosiego de la pregunta vital “qué hago con mi vida”. Compartimos preguntas estúpidas (“¿Pero tu coche no era azul? ¿Y tu coche, no era gris?”), rescates, charlas, cervezas. Piropeabas mi forma de hacer café, y en un cafeinómano como tú aquello era un verdadero honor. La forma estúpida que teníamos de sacarnos la risa. Lo mucho que odiabas mis gafas de sol rojas. El silencio que te dediqué aquí, maldita sea.

Ahora que te has ido, has bloqueado cosas en mi vida que eran tuyas, y que yo no imaginaba que lo fueran. Palabras, como “peque” o “glauco”, ya no las podré decir igual, cuando las pueda volver a decir. Moleskine negra de hojas de rayas y el cine en VOSE. Las montañas, la lluvia y el sol desgarrador. Einaudi, para escribir.

Aún hoy, después de diez días de estupor, no me creo que no vaya a volver a recibir un mensaje tuyo, o alguna tontería colgada en mi Facebook. O que vaya a escuchar de tu boca alguna cariñosa bronca por no levantar suficientemente la cara y sonreír. Aún estoy conmocionada, y no sé hasta dónde llegan los cristales rotos.

Allá donde estés… aún soy capaz de oír tu risa a carcajadas. Vivir es recordar, tú me lo dijiste cuando murió la abuela. Vivimos en los recuerdos de los demás. Cuando una persona muere, una parte de ti muere con ella, pero una parte suya vive contigo para siempre.

Aquí estás, aquí estoy. Aún no sé cuánto voy a echarte de menos, porque aún no he tocado fondo. Gracias por todo lo que nos dimos, que fue mucho. Que la vida iba en serio, parafraseando a Gil de Biedma, lo he aprendido con el año nuevo. Ahora toca aprender a vivir con este hueco en el alma. No sé aún cuánto va a durarme el frío de esta hoja de acero en las entrañas.

Aún no sé cuánto voy a echarte de menos. Buen viaje, nos vemos al final. Tenemos un café pendiente para ponernos al día.


6 comentarios:

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    1. Muchísimas gracias, José Luis, un abrazo grande

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    1. Muchísimas gracias, cariño. Un besote :***

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  3. acabo de llegar (@aquisetraduce en Twitter) y esto me ha parecido precioso. y, bueno, soy en realidad una intrusa comentando algo extremadamente personal, pero ¡qué demonios! la compañía viene, a veces, de los sitios más insospechados. un abrazo de desconocida.
    Itziar

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    1. Bienvenida Itziar :) Eres una nueva intrusa, y puedes husmear por aquí todo lo que te parezca, que esta es tu casa, y siéntete cómoda, por favor :)
      Muchísimas gracias por tu abrazo, yo te mando un beso, y que tengas un buen domingo :**

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