«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

lunes, 5 de agosto de 2013

Giacometti

El sábado anduve de exposiciones a contrarreloj en la capital. Aprovechando que tenía tiempo antes de cenar, me decidí por no postergar más mi visita a la exposición que terminaba ayer domingo en la Fundación Mapfre, y que me ha dejado una huella muy especial en lo que va de año. Apenas tuve que esperar cola, y como siempre, la gente que trabaja allí es maravillosa, agradable y educada.

Una visitó el sábado la exposición Giacometti. Terrenos de juego, y salió completamente enamorada de este señor suizo y de su obra.


Giacometti, hijo de artista, comenzó su andadura en la pintura, pero rápidamente se descubrió como un generoso artista plástico. Sus primeras obras, de la década de los años 30, previas a la Segunda Guerra Mundial, están muy relacionadas con la vanguardia europea, y conjugan lo abstracto, y recuerda mucho a Brancusi, y también entroncan con el cubismo y la pasión por el arte africano, y es muy picassiano.

Pasa mucho tiempo, durante la guerra, reflexionando acerca de hacia dónde quiere ir plásticamente, qué quiere expresar con su obra. La respuesta la encuentra, finalmente, en su Suiza natal, en la zona donde nació, rodeado de enormes árboles. Es ahí donde nacen las figuras más representativas de su catálogo, el “Hombre que camina” y la “Mujer de pie”, dos magníficas esculturas de gran formato (la mujer, erguida, mide más de dos metros de alto) de personas desnudas que están, o que caminan, un leitmotiv que repetirá hasta su fallecimiento, en la década de los 60, en distintas obras. Las que representan grupos de personas recuerdan muchísimo a bosques: figuras antropomorfas extremadamente delgadas, estilizadísimas, juntas, con los brazos pegados a los costados.


Además de las magníficas piezas que se habían conseguido reunir para la exposición, había un montón de fotografías de Man Ray, o de Cartier-Bresson, que tuvieron a bien retratarle tanto de “paisano” como en el desempeño de su labor, dentro de su pequeño atelier de 18m2. Además, muchos grabados originales, tanto de colecciones privadas como de grandes museos, como la Hamburger Kunsthalle.


La iluminación es, con diferencia, de lo mejor que he visto en todo el año. Sobresaliente.



(Todas las imágenes que cuelgo sobre esta exposición son capturas de pantalla de la visita virtual.)

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