«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

jueves, 20 de junio de 2013

Silencios

Llevo unos días rumiando, entre viaje y viaje en el coche, que es donde suelo tener mis epifanías personales (como ésta), una entrada nueva. Varias ideas descartadas. Varias ideas inquietantes. Y al final una es capaz de hilvanar, con el sol de última hora de la tarde, retazos de ideas. Y ahí va.

En boca de todos estaba hoy la terrible noticia de la muerte de James Gandolfini, ese gran Tony Soprano de mi etapa en que el piso estaba en obras. Pasé dos meses desenchufada de todo y vi la serie completa, del tirón. 51 años. Un infarto. Plaf.

En realidad, la muerte de Gandolfini y la entrada de Molinos es una excusa para plantear el otro tema que suele sacarse a colación en este tipo de situaciones: si pudieras despedirte de alguien a quien quieres, ¿qué le dirías? O incluso el caso contrario: “se murió, habíamos discutido y nunca tuvimos la oportunidad de hablarlo, de pedirnos perdón”.

¿Necesitamos la muerte como excusa para hablar?

Yo siempre me pregunto por qué hay que esperar. Por qué esperar a que alguien esté a punto de irse de tu vida para decirle lo maravilloso que es, o lo feliz que te hace prepararle su plato favorito, o que te encanta verle sonreír.

Por qué esperar. Por qué dejar que se enquiste una situación. Por qué dejar que gane el orgullo cuando quieres a alguien. Por qué no ceder tú y ceder el otro, llegar al medio, hacer las paces, dejar las cosas claras. Nos enrocamos en gilipolleces, en cosas absurdas, y así nos pasamos media vida. El ser humano es tonto, pelea por cosas que no llevan a ninguna parte. Por pequeñas cosas que le hacen infeliz el día a día. Por cosas que se solucionan en un instante, se olvidan, y se acabó.

Nos faltan más “te quiero”. Nos faltan más “perdóname”.

Soy de la creencia de que los problemas se solucionan antes de ir a la cama. Nada de llevarse malos rollos a las sábanas. Lo que sea solucionable en el día, antes de las doce, como la Cenicienta, debe quedar zanjado. Sea con alguien ajeno o con uno mismo.

Me flipa mucho la actitud general que tiene la gente de que “es mejor no hablar de eso”. Ese odioso pacto de silencio. Los problemas no se solucionan en silencio, hay que hablarlos. No hacerlo es igual que barrer bajo la alfombra. 

La gente no sabe, no se da cuenta de lo increíble que es que alguien te diga de verdad “confío en ti”, “me encantas”, “conocerte es lo mejor de este tiempo”. Conjurarlo, no pensarlo. Pensando todos somos unos valientes, pero luego nos falta el aliento, y se escapa la elocuencia entre nuestros labios. Hay que hablar más, decir las cosas, las malas pero también las buenas.


Nos sobran silencios, por todos lados.


6 comentarios:

  1. Como nunca se sabe, te lo digo aquí y ahora, por este medio, desde la cama de mi zulo galés: ¡te quiero mil Pichu! ^^

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    1. Jo... Yo también te quiero, y te echo mucho de menos en tu aventura galesa.
      Un abrazote grande, como el que nos dimos en el aeropuerto :*

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  2. Que gran verdad!! Me has hecho reflexionar sobre mil situaciones de mi entorno... :)
    (WILLY)

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    1. Me alegra que esto que escribo te haga reflexionar.
      Yo me he pasado varios días dándole muchas vueltas, pensando en cómo contarlo, en cómo decir que me da rabia que la gente no hable por definición. Por vergüenza. Por si te sienta mal. Por si te enfadas o lloras con lo que te digo. Por si piensas que soy un cursi entregado. Por si nos llevamos a engaño.
      Pero que todo esto se nos olvide cuando hay muerte de por medio. ¡Hacedlo ahora, que luego es siempre tarde!
      Um beijo, Willy :*

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  3. Si ya sabía yo que tus "charlas" de hermana mayor tenían que salir por algún sitio.. y aquí están!!!! Entre tu epifanía 1.0 y ésta (llamémosla epifanía 2.0) voy a empezar a dejar de pensar y aplicar lo que pienso.
    Y besos, siempre muchos besos :*

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    1. Siempre me pasa lo mismo, voy conduciendo y se me ocurren mil ideas. En el transporte público me pasa menos, pero también. Yo creo que está relacionado con la realización de una actividad mecánica que deja libre el cerebro. Con permiso del Premio Nobel, lo mismo que hacía Einstein en la Oficina de Patentes.
      Mis charlas de hermana mayor son las que deben ser, y esto también forma parte de ello. Las charlas también me hacen pensar a mí, no sólo te las doy para que reflexiones tú :P
      Muchos muchos besos, enana, que nunca sobran :*

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