«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

miércoles, 9 de enero de 2013

Tiziano, Gauguin

¡Feliz Año 2013 a la blogosfera!

Abrimos este nuevo año con menos rabia, y con crítica cultural.

Una cogió el día 4, víspera de Reyes, se abrigó pertinentemente y se fue al Museo del Prado a ver dos pequeñas exposiciones que, si bien no han sido de lo más publicitado (teniendo a Van Dyck, no hay nada más), era de lo que más me apetecía ver. Allá que me fui, una cola de impresión, montones de humanos propios y ajenos pasando frío.

La restauración del San Juan Bautista de Tiziano, que ya comenté que me había quedado con ganas de verla, pues sencilla y llanamente de libro. Ovación, porque esta vez las luces me dejaron ver los lienzos. Una pequeña sala en el edificio Jerónimos, con los tres cuadros del autor que se conservan de la misma temática, el del Prado, uno de El Escorial y otro de Venecia.


La otra exposición que vi fue una bastante fuera de la línea del Prado: una de fotos. Los trípticos que tan malas noches me dieron durante mi paso por la Universidad los tienen como yo los soñaba: cerrados. De la grisalla al color, un repaso a los trípticos que alberga el Museo como no suelen verse nunca, con las alas plegadas. Incluso el folleto explicativo no era en formato tríptico, sino que se abría por la mitad. Es curiosa, sin más.


La atención, bien, y la temperatura correcta en las salas.

Y esta tarde he ido a casa Tita. Sí, al Thyssen, a ver la niña bonita de las exposiciones de esta temporada: Gauguin y el viaje a lo exótico. En un primer momento, mi viaje a lo exótico iba a ser acompañada, pero por problemas técnicos no ha podido ser. Ya habrá otras ocasiones, que no soy rencorosa pero lo apunto todo, y luego pido compensación. Será por exposiciones en esta perversa ciudad…

Para comenzar, he ido en mala fecha. Acaba el día 13, y allí había más gente que en Preciados. Pese a todo, como era última hora de la tarde (18h), no era una cosa exagerada. He visto perfectamente los cuadros y los he disfrutado despacio. Además, el frío de la calle invitaba a permanecer más tiempo dentro del museo.

Con esta exposición, he redescubierto por qué me flipa tanto Gauguin. Este señor, que hizo de su capa un sayo y plantó a su señora y a su familia y se fue a la Polinesia cuando no era destino de viaje de bodas, me flipa porque es sencillo. Porque me transmite calidez, exuberancia, exotismo, sensualidad a raudales. Lo que quiere transmitir queda completamente expuesto, es muy íntimo. Tiene una cantidad ilimitada de lecturas, pero siempre vuelves al principio. A lo sencillo.

Esta obra me ha tenido cautiva durante un buen rato:


Y si a eso le sumamos que también había obra de Kandinsky y de Matisse, pues felicidad máxima. Dibujos, collages y acuarelas.

Todo estupendo, la atención magnífica de mi chica del Thyssen. (Raquel, un besazo.)


Y así comienzo 2013. Hay mucho por ver, que este año Madrid está pletórico.

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