«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

viernes, 22 de julio de 2011

Un Caravaggio en Madrid, como regalo de cumpleaños

Señora ministra:

Desde aquí, y con todo el aplomo que adquiere una cuando cumple años, amén de su profesionalidad en el ámbito artístico, le voy a hacer una recomendación: no vuelva a mancillar jamás en los años que le restan el buen nombre de Caravaggio.

Si su criterio artístico sólo llega para decir que este grandísimo pintor era homosexual, definitivamente en este país lo estamos haciendo mal y usted es una estulta de primer nivel. Hay montones de cosas que decir de uno de los padres de la vasta pintura barroca europea, del tenebrista que “enseñó” a pintar al genial Velázquez. El creador que fue defendido por Rubens a capa y espada.

Un señor transgresor, que había que ser su padre para quererlo, pendenciero, respondón y cantamañanas. Que entraba y salía de la cárcel como quien entra y sale de su casa. Que era el tipo más conocido de los peores tugurios de Roma. Que cogía un pincel y todo el mundo contenía la respiración.

Señora ministra, si quiso insinuar no sabemos bien el qué en los tiempos que corren frente al jefe de la Conferencia Episcopal, le cuento una cosa entre usted y yo: hubo muchos cardenales y muchos obispos en Roma que le salvaron el pellejo a Caravaggio. Que cada vez que era detenido por violar el orden público, eran ellos los que mandaban que fuera excarcelado. No sé si quiso darse ínfulas de algo que por lo que veo desconoce, pero fue un abogado papal, mecenas del pintor, el que ganó tiempo para Caravaggio en su última obra romana: la muerte de la Virgen. Le dijo que ya podía correr, porque ese cuadro le daría problemas. No podía usar el cadáver cianótico e hinchado de una prostituta ahogada en el Tíber como modelo para pintar a la Virgen María. Y si a eso le sumamos que en una riña se llevó por delante a un tío ese mismo año, pues…



Si no quiere tomarse la molestia soberana que supone leerse a Van Mander, léase el artículo de Wikipedia, que es bastante completito. Y pida disculpas públicas por su ignorancia plena sobre uno de los grandes artistas que usted trató de banalizar colgándole la etiqueta de “homosexual”. Como si eso, hoy, fuera un escándalo. Escándalo es que usted siga en el ministerio, y no haya hecho lo que Camps: dimitir. Hágalo pronto, el mundo de la cultura y yo misma se lo agradeceremos.

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