«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

domingo, 26 de junio de 2011

Si Orwell levantara la cabeza...

Decía hace poco en otra de mis entradas, que la gente, cuando no está de acuerdo con que tú te quejes, te llama antidemócrata, te recuerda quién corría delante de los grises, quién nació y creció bajo la sombra rutilante de Franco y quién te regaló la Democracia que tú ahora prostituyes.

Hasta aquí, todo bien.



Todos esos que te dicen que qué coño haces con su amada Democracia deberían reflexionar en profundidad acerca de estos hechos.

Yo tal vez no dé el perfil de demócrata al uso, siempre he sido bastante contestataria, pero también sé que hay una ley que nos gobierna a todos (como el anillo único), aunque, como decía aquel, a unos más que a otros. Pese a todo, pasan estas cosas de aquí arriba.

Unos tipos que deciden que a los donostiarras el Rey les trae al pairo. (Digo yo que no a todos).

Unos tipos que no dejan entrar en los Ayuntamientos gobernados por Bildu a los escoltas de otros compañeros suyos (como leía hace poco en un chiste gráfico, “no somos tan tontos como para ponernos una bomba a nosotros mismos”).

Unos tipos que deciden unilateralmente que los Cuerpos de Seguridad del Estado están de más en País Vasco. Claro, es que Estado es una palabra muy chunga, muy dura, muy franquista y muy represora, y tener al ejército y a la Guardia Civil tan cerca produce pesadillas. Habría que explicarles, a lo mejor, de dónde salen sus sueldos y todo el dinero que gastan en propaganda y otros menesteres.

Y mientras tanto, el gobierno mira impasible, mucho amenazar y poco apretar tuercas democráticas, y a mí me recuerda a un cuento que ya leí alguna vez. Quizás tenga algo de Casandra, pero esto se veía venir, sin ser sacerdotisa de Apolo.

A lo mejor a esta panda habría que explicarles con cuidado y mimo que si pertenecen a un país deben acatar sus leyes, y si no, pues ya saben dónde está la puerta. A estos mismos señores que antes de ayer estaban empuñando pistolas, ahora están en el juego político, gestionando montones de dinero público, y también montones de datos fiscales.

A lo mejor hay que tratarles de igual a igual, mandarles a alguien que les pinte una diana en la puerta de su casa con spray, que les quemen los coches privados y negocios, que les llamen por teléfono y les digan “sé a qué colegio van tus hijos, cabrón”, y entonces jugarán en la misma liga que los muchos amenazados que hay actualmente en el País Vasco.

En la misma liga que los que murieron por defender ideas, como Tomás y Valiente o López de la Calle, o como los Cuerpos de Seguridad del Estado.

En la misma liga de los que siempre hemos sido demócratas. Aunque, por lo que se ve, unos más demócratas que otros.

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