«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

sábado, 13 de marzo de 2010

«Un pueblo sin literatura es un pueblo mudo.»

Una, tras el caos nacional que supone el examinarse en febrero y el estrés y las celebraciones que todo ello conllevan, ha decidido hoy que habla de un tema menos agradable de lo que ella querría: la muerte.

Parafraseando a Jorge Manrique (1440-1479): «Nuestras vidas son los ríos / que van a dar en la mar, / que es el morir,» y como común denominador de ricos y pobres, a todo cerdo le llega su San Martín, y nadie se quedó para contarlo. La muerte está marcando el ritmo en estas últimas semanas, desde el ámbito puramente profesional, con clases en donde la Peste Negra es el tema central, y en el ámbito de lo personal, con pérdidas cercanas a mí. Por otro lado, lo único que leo en prensa, que pueda llegarme, han sido fallecimientos. O investigaciones sobre la muerte de determinados personajes. Y como muestra, botones de la caja:




Pasolini, ese enfant terrible, que fue asesinado en el balneario de Ostia. Ese poeta, literato y cineasta lleno de sordidez y turbación, que ahondaba en su producción fílmica los temas menos decorosos del imaginario cinematográfico, y más puramente eróticos. El Neorrealismo italiano nunca soñó algo tan grande en sus filas. 35 años hace que fue atropellado.


Un poco más atrás, el maestro de maestros al piano, Chopin, y las versiones que se ofrecen sobre su vida y sobre cómo influyó en su obra. ¿Por qué componía así? ¿Estaba enamorado, sufría pena y melancolía? Compartió momento con Mariano José de Larra, y ya sabemos cómo terminó aquello. Uno, de tuberculosis. El otro, con un tiro en la sien dentro de un portal. El romanticismo segó las vidas de hombres tan jóvenes…


Continuando con esto, otro estudio post-mortem, esta vez el del joven Mozart, confirma el fallecimiento del compositor vienés por una infección de garganta. Un final relativamente mediocre para un vida de meteóricos éxitos. Su misa de Réquiem aún sigue conmoviéndome como si fuera la primera vez que la escuchase.


Pobre Tut, muerto de Köhler II y paludismo en tan tierna y joven edad. ¿Problemas derivados de los sucesivos hijos tenidos entre hermanos? Siempre se había creído que su deceso había sido algo más que azaroso, por ser el último miembro de la Dinastía XVIII. Al final, una serie de cúmulos genéticos confluyeron sobre el faraón y él no pudo sobrevivirlos.


Hoy se despide en Valladolid a uno de los más grandes literatos que dio el pasado siglo. Hoy todos nos sentimos El hereje, o El príncipe destronado, pasaríamos Cinco horas con Mario o estaríamos en El camino. STTL, maestro.

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