«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

martes, 2 de febrero de 2010

Made in China

China. Ese enorme conglomerado de etnias que supera la escalofriante cifra de 1300 millones de personas. Que hace frontera con Rusia, con Siberia y Mongolia, con el mar Amarillo y con la India y los países acabados en -stán. Ese lugar remoto donde nació el papel y la escritura, además de los fuegos artificiales.

China. Ese lugar donde no se respetan los Derechos Humanos, donde una etnia subyuga a otra. Por su bien. Donde hubo sucesos que nunca fueron contados, como el de las protestas de la plaza de Tian'anmen. También por su bien nunca se contaron los cadáveres.

China. Ese lugar donde las creencias religiosas son un estigma, y de manera oficial no se practican. Aunque la etnia Hui sea musulmana, perseguidos durante la Revolución Cultural, aunque haya budistas, confucionistas, taoístas, cristianos y judíos.

China. Ese lugar donde se suceden noticias como éstas:


La censura del gobierno chino a Avatar porque, misteriosamente, se parece a cierto tipo de sucesos que ocurren dentro de sus fronteras… Por cierto, fue taquillazo allí también, y viendo lo que se les podía venir encima, la cambiaron por una superproducción como… La vida de Confucio. Vamos, que tiemble Cameron con peliculones como ése…


La pugna de Google y China es como una historia trágica de amor. Es el Romeo y Julieta del siglo XXI. Llevan a la gresca ni se sabe. Google está harta de la censura del gobierno chino a su archiconocido motor de búsqueda, y China responde que deben respetar sus tradiciones. La del intervencionismo del gobierno y la política de puertas cerradas que han llevado durante mucho tiempo…

Pero en cambio, sucede esto también:


Sucede en China que, respetando sus tradiciones, como no podía ser de otro modo, ha habido un espionaje feroz en las cuentas de correo electrónico de periodistas extranjeros residentes en Pekín. No vaya a ser que cuenten lo que en realidad está pasando, y no la verdad gubernamental. Cuentas de Gmail. Vaya, Google de nuevo.

La gota que colma el vaso es la siguiente:


«Si tú te reúnes con el señor éste, separatista, religioso y malo, nosotros dejamos de jugar contigo». Primero me enfado porque le vendes armamento a Taiwán, y ahora no respiro porque te vas a reunir con el tipo éste de gafas grandes, vestido de amarillo azafrán, Premio Nobel de la Paz en 1989. Tipo que se ha reunido, por cierto, con todos los presidentes de EUA. Y nadie se ha rasgado las vestiduras.

China, ese niño malcriado y maleducado, que muerde continuamente la mano que le da de comer, que se salta a la torera las leyes internacionales porque «no van conmigo». Que se piensa que puede engañar al resto del mundo igual que a sus conciudadanos.

¿Qué parte del mensaje se perdió allí, cuando explicaron el comunismo, para haber acabado de esta manera?

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