«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

domingo, 29 de noviembre de 2009

Me han dicho de Fulano que...

España es un país de cainitas, de rencorosos, de alcahuetas y de correveidiles. Cualquiera que esté al pie de la calle lo sabe. Esto, en el día a día, no supone nada que no podamos soportar; todo el mundo ha hecho en algún momento comentarios mordaces y ha deseado el mal a alguien que pasaba por ahí, sin siquiera preguntarse, sin pararse a reflexionar, si lo merecía o no. Esto puede que suponga algún chascarrillo, incluso un movimiento positivo en la Bolsa, o la quiebra de un negocio.

El problema viene cuando estos comentarios, realizados desde una palestra tan poderosa como es la prensa, se hacen pensando que se está informando. Y no. No se informa sin tener todos los datos encima de la mesa, todos los papeles contrastados, porque luego pasa lo mismo que esta última semana. Se “informa” de un supuesto caso de pederastia que no era tal, sino un lamentable accidente que podría haberse gestionado de otro modo.

Un chico al que le han jodido la vida en primer lugar un “supuesto” “profesional” de la medicina (una golondrina no hace verano, dicen en mi casa, que no se aluda nadie) y en segundo lugar la prensa nacional. Un chico al que sus propios vecinos querían linchar siendo inocente. Un chico de mi edad etiquetado socialmente en la memoria de todos con una palabra: pederasta. Siendo inocente.

«Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en un juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias a su defensa.»
Artículo 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
La presunción de inocencia es algo que, a lo largo de esta semana, nadie ha tenido en cuenta, y quizá es tiempo de meditar. Pero en este caso “A Dios rogando y con el mazo dando”: una disculpa pública de la prensa nacional, y que se le retire el derecho a ejercer a este médico, que ahora parece que nada más existen en Urgencias los casos de abusos a menores y las agresiones de género a mujeres, y que nadie me malinterprete, pero roza lo obsesivo. Que te cortas cocinando y cuando llegas a Admisión miran mal a tu acompañante.

La prensa amarillista de este país y la mala praxis de un médico le ha costado la vida a una niña de tres años que se cayó de un columpio y casi la cárcel a un chico que fue responsable y la llevó al médico. Una piensa que los niños, niños son, y se caen de los columpios y se hacen brechas, como usted y yo cuando éramos pequeños.

Le haré una recomendación dominical: piénselo dos veces la próxima vez que lleve a sus infantes a Urgencias, y lleve coartada y testigos, no se convierta usted en el próximo pelele del prejuicio social.



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