«La belleza perece en la vida pero es inmortal en el arte» Leonardo da Vinci

martes, 21 de julio de 2015

Tous les matins du monde...

…sont sans retour.


Todas las mañanas del mundo son únicas. No tienen vuelta. No tienen igual. No volverán.

Quería haber escrito antes; de hecho, tenía una entrada esperando a ser publicada sobre exposiciones, pero han pasado tantas cosas en medio que…

Hoy es mi cumpleaños. Hoy cumplo 30.

La mayor parte de mi entorno, si no los tiene, están a punto, y cada uno los ha afrontado como ha podido o sabido. Hay quien lo ha llevado mejor y quien lo ha llevado peor. Yo estaba expectante a ver cómo se me iba a dar este 2015, este año de cumplir los 30.

Hoy os digo que ojalá acabe ya. Ojalá mañana 31 de diciembre y a otra cosa.

A las alturas de lo que va de año, he cubierto cupos, y ninguno de felicidad.

He enterrado a un querido amigo a primeros de año, y a una tía y a mi abuela en el transcurso de esta última semana. En siete días. Estoy agotada de afrontar pérdidas. No sé de dónde sacar unas fuerzas que se me acaban para seguir nadando, para no morir ahogada como los tiburones.

Ahora mismo estoy de corcho, como dice Molinos, estoy intentando encajar todo este estupor, toda esta pesadilla que comienza siempre con una llamada de teléfono, y que sigue con un largo viaje de regreso a los orígenes. En esta ocasión, por dos veces. Con unas temperaturas para derretirse, literalmente. Unas temperaturas que han hecho de este trance algo todavía más penoso, más agotador si cabe.

Me quedan en el recuerdo muchos momentos con la abuela: nadando ambas en las frías aguas de Huelva, comiendo coquinas y helados como locas, tejiendo ropita de bebé (para mí también, claro), las tardes regando las macetas en la terraza. El jazmín en la esquina, fragante. Las golondrinas piando llenas de vida. Me quedan momentos muy divertidos: gafas en el congelador, una lentilla que levantó a todo un banco un domingo en misa, las historias del muchacho que traía la compra a casa. La pizarra blanca de la cocina y el rotulador azul con el que me pinté un abriguito rosa. La alacena gigante llena de ricos olores y patatas fritas para mí y para el abuelo.

Os agradezco desde aquí a todos los que habéis estado ahí al pie del cañón conmigo, compartiendo esto a través de mensajes y llamadas, hablándome de videojuegos, mandándome dinosaurios, poniéndome la tele. Porque nadie sabe cómo afrontar el dolor ajeno, y cada uno lo hace como puede. Gracias por darme la mano en esta hora tan oscura, para que no pasara miedo sola.


Hoy no es día de celebrar. No tengo fuerzas. Ya habrá otro momento. Pero si brindáis, brindad por la vida, que eso es hoy, nunca más tarde que hoy.


domingo, 14 de junio de 2015

Chéjov en La Latina

El jueves 21 de mayo estuve en el teatro. Hacía algo de fresco, y con mi chaqueta bajo el brazo, fui a ver a uno de los autores rusos menos nombrados pero más llevados al teatro, Antón Chéjov.

En esta ocasión, no era uno de sus clásicos lo que se ponía sobre las tablas, sino una recopilación de cuentos cortos, de corte humorístico, creando cuadros llenos de ingenio y de momentos absurdos y desternillantes.

Atchúusss!!! es el nombre de dicha obra, y está en el Teatro de La Latina hasta mediados de julio. Después se irá de gira.

Los actores, lejos de ser desconocidos, son todos primera fila tanto del teatro como de la televisión: Malena y Ernesto Alterio, Adriana Ozores, Fernando Tejero y Enric Benavent. Es una tontería que os los presente, porque se presentan ellos mismos.



Como he dicho antes, la obra no es una de las famosas o encumbradas del autor ruso, no es “La gaviota”, sino que es una amalgama de muchas, y quedan representadas como cuadros. Como hilo conductor, una historia más bien amarga; quedará salpicada con montones de perlas humorísticas, esbozos de un joven Chéjov que da en la diana de lo que más nos llega de la literatura rusa: la minuciosidad en la caracterización de cada personaje, y diálogos plenamente reconocibles, intemporales, llenos de lugares comunes que nos acercan al frío de su patria.

Una de las cosas que más me sorprendió (además del llenazo que había en la sala, siendo jueves) fue que gran parte del decorado eran dos cajas móviles en el fondo del escenario con una pared de cristal, con lo que si se iluminaban por detrás podíamos ver qué sucedía allá. Los cambios de vestuario, todos en esas dos cajas. Muy original y versátil el montaje en ese sentido.

Por otro lado, no me gustó demasiado que comenzara la representación a las ocho y cuarto, cuando claramente la entrada ponía a las ocho. Me pareció una falta de respeto hacia la gente que habíamos llegado a nuestra hora. De hecho, el chico que estaba sentado delante de mí llegó a las ocho y media y le dejaron entrar. Desde mi punto de vista, es un gran fallo y no habla muy bien del teatro.


Por lo demás, ampliamente recomendada, dos horas a carcajada limpia. Id, que merece la pena.



(La foto que ilustra la entrada es de Javier Naval para Unagimagazine)

domingo, 31 de mayo de 2015

El canto del cisne, Winogrand

Hace unas semanas que llegué a los postres de dos de las exposiciones de la temporada de invierno en Madrid.

Tenía un rato muerto y decidí gastarlo en algo productivo, así que me acerqué a la Fundación Mapfre a ver, antes de que se las llevaran, las exposiciones que albergaban su sede principal y la de la calle Bárbara de Braganza.

En la primera, estuve disfrutando sin paliativos del Canto del Cisne. De la belleza más dolorosa y más etérea. Un estilo que siempre me había parecido algo cursi me dio de lleno en medio de la experiencia estética más abrumadora.

Nunca me había sentido tan acompañada ni tan “en casa” como en esta exposición; había gente, sí, pero sobre todo había una cosa que adoro, que es educadores con un grupo de niños enseñándoles la muestra. Un domingo. Gracias a esos padres que apuestan por la cultura, y a esos profesionales de los museos que dan lo mejor de sí.

Me gustó mucho la manera en que estaba organizada la exposición, algo más corta de contenido que otras que ha albergado la Fundación, aunque en desacuerdo con esa manía que les ha dado ahora de poner cuadros emblemáticos en zonas de paso y hacer tapón, pero no sólo aquí, sino en muchas temporales a las que he ido esta última temporada.


Pasear por sus salas me ayudó a redescubrir a muchos pintores decimonónicos que en un primer momento, hace mucho tiempo, me parecían naïf, infantiloides, no iban conmigo y con mi manera de entender y vivir el arte. Pero como decía antes, tuve el gusto de poder disfrutar de una experiencia estética muy especial. Miré con otros ojos, y disfruté mucho, muchísimo.

Pensaba en poner alguna foto, pero mejor os dejo con la visita virtual, que luce más.

Como salí con bastante tiempo, me crucé la calle y pasé a ver la exposición de Garry Winogrand que había en la sala de la calle Bárbara de Braganza. Un fotógrafo retratando lo que le llamaba la atención: la plena y absoluta vida diaria. Me encontré mirando fotos que podrían ser tomadas en cualquier momento, hoy, hace una década, con una mirada muy contemporánea, pero con una claridad de composición asombrosa, dejando meridianamente claro qué es lo que quiere y lo que no quiere expresar.






Desde aquí, decirle a la Fundación que ofrecen unas exposiciones de altísima calidad, con unos servicios estupendos. La gente que trabaja allí es encantadora, y jamás he tenido problema alguno con ellos. Enhorabuena, de corazón.

sábado, 25 de abril de 2015

Praha

Como ya os dije hace unas semanas, tenía previsto un viaje a Europa, y bueno, vengo a contar mis impresiones, que cuando viajo también hago cosas artísticas.

En primer lugar, he de decir que no recordaba cómo era lo de viajar en avión… Y he mejorado mucho. Ahora casi no me mareo en los despegues, y es de agradecer, puesto que lo pasaba muy fatal. Lo de las cosas que caben en una maleta, otro punto ventajoso, y superado con éxito.

El alojamiento elegido fue un genuino acierto, las chicas que nos atendieron muy simpáticas y agradables, y el lugar muy céntrico, limpio y cómodo.

Lo único que podría decir que nos ha deslucido (un poco) el viaje ha sido que cogimos una tarjeta de turismo, la Prague Card, y no fue todo como lo contaban en su web. Por supuesto he puesto la correspondiente queja, y desde aquí os digo que según nos contaron cuando la recogimos, la tarjeta acaba a las doce de la noche del día en curso, no cuando cumple el tiempo desde la primera vez que se valida, pero nadie sabe nada porque en la web pone otra cosa distinta.

Por lo demás, he dejado Praga con auténtico pesar. Me ha parecido una ciudad bellísima, soviética, antigua y mágica. He cogido todos los tranvías que he podido, me he mezclado con su gente en el impresionante metro que cruza la ciudad entera, y si a esto se le suma el asunto de haber tenido un delicioso tiempo más bien caluroso, no se puede pedir nada más, desde luego.


Me han gustado sus gentes, sonrientes y relajadas, sus calles con las farolas en el centro de la vía, su luz extraña. Su poca contaminación, sus mil formas de ir a los sitios. Pasear de noche por el puente de Carlos y tomar una cerveza en el Ouky Douky tras salir de un museo.

Claro, yo venía a hablaros de museos…

De Malá Strana puedo decir que la visita al Castillo me pareció un alucine. La catedral me encantó, y me dejó muy enamorada la capilla con las vidrieras de Alfons Mucha. Para contrarrestar el medievalismo, esa misma tarde fuimos a ver todo el arte contemporáneo que alberga la Galería Nacional en su sede de Veletržní palác. Es este un edificio soviético donde me emocionó reencontrarme con el autorretrato de Picasso que me tocó en suertes en mi examen de Selectividad, años ha.



Del barrio judío, una de las visitas obligatorias en Praga, el gran cementerio judío de la ciudad y una de las sinagogas, que tiene escritos, en todas sus paredes, los nombres de todos los judíos que fueron a campos de concentración y nunca volvieron. Todos los de Moravia y Bohemia. Nombres y nombres. Es sobrecogedor. La sinagoga española me hizo sentirme en casa; paños de sebqa, arquillos polilobulados y una penumbra deliciosa.


Y la gran recompensa de un viaje así… El que fue mi regalo de reyes hace año y algo, unas entradas para la ópera. Mefistófeles fue la obra elegida; un montaje sencillo, contemporáneo, simbolista. Una puesta en escena increíble. Y un coro… Qué coro.


Por ahora, los mejores cuatro días del año, sin dudarlo. Vayan a Praga, mézclense con su gente. Disfruten de lo bullicioso y secreto de la ciudad bañada por el Moldava.

domingo, 5 de abril de 2015

Trilogía del Baztán, Dolores Redondo

Esta entrada es algo diferente a lo que acostumbro a escribir por estos pagos, pero diversas actividades me han mantenido algo alejada de las exposiciones que hay ahora mismo en la capital, y dentro de unos días marcharé de viaje camino de Europa, así que volveré con cosas que contar, sin lugar a dudas.

Mientras tanto, he venido hoy a hablaros de unos libros que he leído durante estos días de asueto. Vaya por delante que he tenido un frenazo considerable en mi pasión lectora, acabé uno que llevaba arrastrando desde el año pasado y desde entonces la lectura no ha dejado de crecer y crecer. Incluso me he permitido el lujo de terminar uno que abandoné el pasado año, porque no era el momento de leerlo, y este mes de marzo me he encontrado leyendo con arrojo.

(No voy a destripar la trama, no sufráis por miedo a los spoilers.)

Ya había oído hablar de ellos a mi querida @auroer, pero fue en un cruce de tuits con @netcaterpila y @multimaniaco donde me dije que ya era hora de seguir leyendo al ritmo que solía hacerlo.

La Trilogía del Baztán, escrita por Dolores Redondo, me han parecido una serie de novelas de suspense excelente. Hacía mucho tiempo que una novela policíaca no me atrapaba de esta manera y las he disfrutado mucho. Me he permitido el lujo, mientras leía, de ir haciendo quinielas sobre lo que podría pasar más adelante, y en muchas de las ocasiones me he equivocado de plano, con sorpresa y placer. Parar en seco la lectura a media página, plantearme cómo está el nudo narrativo y plantearme por dónde tiraría yo, y seguir leyendo… Mucho, mucho tiempo atrás.

Los personajes, tanto principales como secundarios, tienen mucha labor detrás, están muy bien construidos, y su entidad es potente. No se comportan como lo que no son, cosa que es muy de agradecer en estos días, donde cualquiera hace un best-seller y los personajes se vuelven imbéciles de repente. Por otro lado, está el tema sobrenatural local, que me ha resultado agradable de conocer y de recibir; no es algo que sobre en la narración, pero no me ha resultado pesado ni misticista. Además, es un área de megalitismo bastante importante, y esto suele influir mucho en el tipo de narraciones orales que perviven en la zona. El entorno natural, como protagonista de fondo, está muy bien dibujado. He visto muchas fotos, y creo que ninguna le hace justicia a la extraordinaria belleza conque son narrados los espacios afines al valle del Baztán.

Hay otros temas subyacentes en la lectura, como la maternidad, los sentimientos de culpa y demás que me han resultado llamativos y complicados a la vez. Sobre la toxicidad de algunos miembros de la familia, sobre cómo se relacionan las personas que comparten apellidos… Particularmente, me quito el sombrero. Andaba algo ahíta de lecturas en las que se ensalza la familia y lo maravillosa que es sobre todas las cosas, y leer otro tipo de cosas, más afines a la vida real, y sobre todo a mi pensamiento, me ha hecho descansar mucho emocionalmente.

También me han removido mucho esos temas, cómo se relaciona la gente en general, qué lleva a la gente a tomar medidas drásticas en sus vidas. Me he descubierto más curiosa que asqueada en algunas partes bastante duras de la narración.


Muy recomendable. Mucho. Corred a leerlos ya, malditos.

domingo, 22 de marzo de 2015

Voluntariado cultural (2/3): el otro lado del voluntariado

Revisando los post que tenía por aquí escritos en borradores, y que estaban pendientes de publicar, he rescatado éste, porque me parecía el momento idóneo para hacerlo. Mis colaboraciones me restan mucho tiempo de dedicación al blog, pero no por ello debo descuidarme por aquí.

Enganchando con el post anterior, le propuse a una de las participantes en la última retahíla de trinos, @munenix, compañera de carrera y coautora de uno de los mejores blogs sobre arte que sigo, Sala 12, una colaboración en mi blog contándonos qué era para ella el voluntariado cultural. Ella ha sido voluntaria, y gracias a ello ahora mismo tiene trabajo. Pero mejor lo cuenta ella, en primera persona, que lo hace con más desparpajo.

El voluntariado en museos es un tema controvertido sobre el que se ha discutido mucho. En esta ocasión, me gustaría tratarlo desde mi experiencia personal como voluntaria en un museo. 

Terminada la carrera en Historia del Arte, comencé a prepararme para las oposiciones al cuerpo de conservadores. Tras dos años sin noticias de convocatoria, decidí buscar algún tipo de experiencia profesional. Ya que la remunerada era imposible, me interesé por programas de voluntariado, pero pronto descubrí que las instituciones culturales que ofrecen programas de voluntariado a jóvenes se pueden contar con los dedos de una mano (y sobran varios). Tuve la inmensa suerte de encontrar un sitio en el programa que ofrece la Fundación de Amigos del Museo del Prado.

@munenix desde el trabajo
Pienso, sin ninguna duda, que durante el año que estuve de voluntaria en la Fundación recibí mucho más de lo que aporté con mi trabajo: aparte de garantizar acceso al museo, cursos y conferencias, y de la formación específica sobre gestión cultural para el desempeño de su función, la fundación ofrece a su personal voluntario un curso de formación sobre las colecciones del museo. 

En mi opinión, el punto clave del voluntariado cultural se encuentra en encontrar el equilibrio entre el trabajo que se realiza y los beneficios que se reciben, no sólo a nivel material sino también de formación e introducción al sector profesional, en este caso el de la gestión cultural. Este equilibrio es difícil porque generalmente implica un desembolso económico que muchas instituciones no pueden o no quieren asumir. No se puede pretender tener un programa de voluntariado a coste cero, se ha de invertir en su formación y se ha de procurar ofrecerle unas condiciones que, en cierto modo, "compensen" el tiempo que están dedicando gratuitamente a la institución: formación en el campo profesional del que se trata, acceso a cursos, conferencias, etc. 

Un programa de voluntariado exige una planificación de las tareas a desempeñar y un papel concreto del voluntario dentro de la institución, para no caer en el intrusismo profesional. Es muy fácil recurrir a la ingente cantidad de estudiantes y titulados que buscan cualquier tipo de experiencia profesional para que lleven a cabo un trabajo que debería corresponder a un personal contratado.

Es cierto que es muy difícil encontrar una tarea que no pueda desempeñar otra persona con un contrato laboral, por lo general pienso que debería de tratarse de puestos que no exijan una dedicación de más de 6 horas diarias 5 días a la semana, es decir: un puesto que puedan cubrir distintas personas al mismo tiempo y que de otro modo no se cubriría. 

Con esta aportación no pretendo crear una "doctrina" que se deba cumplir en todos los casos, sólo son unas reflexiones que han surgido a raíz de la propia experiencia como voluntaria. Me gustaría más bien que se considerara como una aportación a un debate que está en el ambiente y del que todavía tiene mucho que decirse.

@munenix desde el trabajo

miércoles, 18 de febrero de 2015

El nuevo Museo Arqueológico Nacional

(Esta es la entrada con la que me hubiera gustado comenzar el año. La entrada que debía haber ido en primer lugar. He tardado un mes en sentarme a escribirla. Aún queda mucho ruido por aquí. Demasiado. Pero hay que arremangarse, apretar fuerte los puños y respirar hondo cuando todo este dolor en el pecho se hace ingobernable.)


A finales de 2014 pasé un sábado muy agradable con un amigo venido del frío inhóspito. Pasamos el día juntos en Madrid, y tras pasear al gélido sol de invierno y tomar cervezas en la Latina, fuimos al Museo Arqueológico Nacional.

He de decir, para comenzar, que me resultó impresionante descubrir la nueva disposición, la obra monumental que nos ha tenido tanto tiempo pendiente de esta gran institución. Conforme entrábamos, yo hice memoria de la última vez que había estado allí, y madre mía, qué obra, qué espacialidad, qué señalética, qué iluminación y qué despliegue.

Cuando te ofrecen con la entrada el plano de disposición lo hacen con un motivo: lo necesitarás. Me perdí dentro, rodeada de gente, intentando buscar el otro lado del edificio. Igual que tiempo, también necesitarás mucho. Puedo decir que pasamos alrededor de tres horas tranquilamente dentro, nos echaron, y nos quedó colección por ver.

La nueva musealización me gustó mucho, aunque hay algunas salas que han quedado poco organizadas y otras demasiado atiborradas, y da la sensación de dar vueltas alrededor del mismo punto todo el tiempo. Por otro lado, las líneas temporales, los vídeos y la colocación de determinadas piezas, como la Dama de Elche u otras esculturas, sobre todo, son extraordinarias.
 
La foto, esta vez, es de mi cosecha
Muchísima información, muchísimos datos. Pocos sitios dentro de las salas donde parar un poco, reagrupar y seguir. Cuando llevas mucho tiempo, la luz tan baja en las salas produce cansancio. El día que fuimos hacía bastante calor dentro del edificio, no sé si sería porque el día fuera era bastante frío o si es algo normal.

Me gustaría que propusierais itinerarios para niños. Ese día había muchos, y parecían aburridos y cansados y el tipo de museo se presta a poder hacerlo.


Por lo demás, encantada de volveros a conocer. 

No os lo perdáis, que merece muchísimo la pena.